Qué decía de verdad el calendario maya sobre 2012
Durante años, la fecha de diciembre de 2012 estuvo rodeada de profecías: alineaciones planetarias, cataclismos, el fin del mundo anunciado por los mayas. Llegó el día y no pasó nada, pero la pregunta sigue siendo interesante: ¿qué decía realmente el calendario maya?
Varios calendarios a la vez
Los mayas no tenían un único calendario, sino varios que funcionaban en paralelo:
- El tzolk’in, un ciclo ritual de 260 días.
- El haab’, un año de 365 días dividido en 18 meses de 20 días y un periodo final de 5.
- La Rueda Calendárica, que combinaba los dos anteriores y se repetía cada 52 años.
Para fechas más largas, como las de los monumentos que conmemoraban reinados y fundaciones, usaban un cuarto sistema: la Cuenta Larga.
La Cuenta Larga y el 13 b’ak’tun
La Cuenta Larga contaba los días transcurridos desde una fecha de origen mítica, situada en el año 3114 antes de nuestra era. Se organizaba en unidades cada vez mayores; la más grande de uso habitual era el b’ak’tun, de unos 394 años.
El 21 de diciembre de 2012 (según la correlación más aceptada) se completaba el decimotercer b’ak’tun desde aquel origen. Era el cierre de un gran ciclo, algo parecido a lo que para nosotros supuso el cambio de milenio: una fecha redonda y simbólica, no un final.
¿Y la profecía?
Apenas hay inscripciones mayas que mencionen esa fecha. La más citada, en un monumento del yacimiento de Tortuguero, en México, se refiere a ella de forma fragmentaria y no describe ningún cataclismo. Además, otras inscripciones mayas hablan de fechas muy posteriores a 2012, lo que indica que no concebían ese momento como el fin del tiempo.
La idea del apocalipsis maya es, en realidad, una construcción moderna: una mezcla de lecturas esotéricas, interpretaciones forzadas y mucha literatura de quiosco a partir de los años setenta.
Por qué sigue fascinando
Que la profecía sea un mito no le quita interés. La precisión astronómica de los mayas, sus ciclos que se cuentan por siglos y la idea de que una civilización desaparecida pudiera haber dejado un mensaje para el futuro son un material magnífico para la ficción.
Ese es el punto de partida de El Sexto Sol: ¿y si unos glifos mayas, descubiertos en una excavación en Copán, anunciaran algo que la ciencia de 2012 empieza a observar? La novela no pregunta si el mundo se acaba, sino si estamos preparados para un cambio de era.