«El nombre de la rosa»: crímenes en la abadía
El nombre de la rosa es una de esas novelas que se pueden leer de muchas maneras, y todas funcionan. Es una intriga policial, una novela histórica, un debate teológico y una celebración de los libros, todo a la vez.
En 1327, el franciscano Guillermo de Baskerville y su joven discípulo Adso de Melk llegan a una abadía benedictina del norte de Italia. Allí, en pocos días, se suceden una serie de muertes que parecen seguir un patrón. Guillermo, mezcla de Sherlock Holmes y filósofo escolástico, investiga mientras la abadía se prepara para un encuentro entre delegados del papa y del emperador.
Eco consigue que la Edad Media resulte tan extraña como cercana. La biblioteca laberíntica, el anciano Jorge de Burgos y su obsesión por un libro prohibido, las disputas sobre la pobreza de Cristo: todo encaja en una historia que habla, en el fondo, de cómo el poder trata de controlar lo que se puede saber y de qué se puede reír.
Las primeras cien páginas exigen paciencia. Después, es imposible soltarlo.
Una serie de crímenes, una autoridad que encubre y la Iglesia en el centro del secreto: el lector encontrará ecos de esta novela en Los crímenes del Plumier.