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Amando Lacueva

Las islas Lofoten y los vikingos: el escenario de El triángulo vikingo

Por Amando Lacueva ·

Al norte de Noruega, por encima del círculo polar ártico, una cadena de montañas parece surgir directamente del mar. Son las islas Lofoten: picos afilados, fiordos estrechos, pueblos de pescadores con casas rojas sobre pilotes y una luz que en verano no se apaga nunca y en invierno apenas llega a aparecer.

Es uno de los paisajes más espectaculares de Europa. Y fue también, hace más de mil años, tierra de vikingos.

Pesca, comercio y poder

La riqueza de las Lofoten siempre ha venido del mar. Cada invierno, enormes bancos de bacalao llegan a sus aguas para desovar, y desde tiempos muy antiguos sus habitantes lo pescan y lo secan al aire en grandes secaderos de madera. Ese pescado seco, capaz de conservarse durante años, se convirtió en una mercancía muy valiosa en el comercio del norte de Europa.

Con la riqueza llegó el poder. En la isla de Vestvågøy, en Borg, los arqueólogos descubrieron los restos de la casa de un caudillo vikingo: una gran casa alargada de más de ochenta metros, una de las mayores conocidas de la época vikinga. Hoy se ha reconstruido junto al yacimiento y forma parte de un museo dedicado a la vida de los jefes vikingos del norte.

Un lugar entre la historia y la saga

Las Lofoten tienen algo de frontera: están lo bastante lejos del centro de Escandinavia como para parecer el fin del mundo conocido, y lo bastante conectadas por mar como para que por ellas pasaran comerciantes, guerreros y exiliados.

Ese doble carácter es el que me llevó a situar allí la excavación de El triángulo vikingo. En la novela, un equipo de arqueólogos encuentra en un yacimiento de las Lofoten la pista de un misterio que obligó a Erik el Rojo a huir de su tierra. El histórico Erik el Rojo, el colonizador de Groenlandia, conoció efectivamente el destierro; la novela parte de esa historia real para internarse en el terreno de las sagas.

De la arqueología a la mitología

Los vikingos no dejaron muchos textos escritos sobre sí mismos. Lo que sabemos de su mundo viene de la arqueología, de las crónicas de los pueblos que los sufrieron y de las sagas islandesas, escritas siglos después. En ellas conviven reyes reales y dioses, batallas documentadas y prodigios.

Esa mezcla de historia y leyenda es la que recorre la novela: Odín y sus guerreros, las valquirias, Thor y su martillo aparecen junto a los arqueólogos del siglo XXI, hasta que cuesta saber dónde termina la ciencia y empieza el mito.

Si te interesan los vikingos desde el lado más histórico, puedes leer también mi reseña de El último reino, de Bernard Cornwell.