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Amando Lacueva

«La sombra del viento»: Barcelona como laberinto

Por Amando Lacueva · · ★★★★★

Sobre La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

Pocas novelas han conseguido que una ciudad respire como lo hace Barcelona en La sombra del viento. Ruiz Zafón la pinta en la década de 1940, gris, húmeda y vigilada, y la convierte en un laberinto en el que cada portal esconde una historia que alguien prefiere no recordar.

La premisa es irresistible: un niño, Daniel Sempere, elige un libro en el Cementerio de los Libros Olvidados y descubre que alguien lleva años quemando todos los ejemplares de su autor, un tal Julián Carax. A partir de ahí la novela avanza como una investigación, pero lo que de verdad se investiga es el pasado reciente de la ciudad, la guerra y las cuentas que la posguerra dejó pendientes.

Lo que más admiro es el equilibrio entre el folletín y la crónica de época. Hay amores imposibles, casas en ruinas y un villano memorable, el inspector Fumero, que encarna mejor que cualquier explicación lo que significaba el poder en aquellos años. Y hay un personaje, Fermín Romero de Torres, que por sí solo justifica la lectura.

Se le puede reprochar algún exceso de adjetivo y una trama que en el tramo final se enreda más de la cuenta. Pero pocas veces he cerrado un libro con tantas ganas de volver a abrirlo.

Quien disfrute de esa Barcelona de cartillas de racionamiento y miedo encontrará un territorio parecido en El año de las cenizas, ambientada en la misma ciudad y el mismo año.