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Amando Lacueva

La Brigada Político-Social y la comisaría de Vía Layetana

Por Amando Lacueva ·

En Barcelona, en el número 43 de la Vía Layetana, hay un edificio que para varias generaciones fue sinónimo de miedo. Allí estaba la Jefatura Superior de Policía y, dentro de ella, la Brigada Político-Social: la policía política de la dictadura franquista.

Qué era la Brigada Político-Social

Tras la Guerra Civil, el nuevo régimen reorganizó la policía con un objetivo prioritario: perseguir a sus enemigos políticos. La Brigada Político-Social se encargó de vigilar, detener e interrogar a cualquier persona sospechosa de oponerse a la dictadura: comunistas, anarquistas, socialistas, nacionalistas, sindicalistas y, con el tiempo, estudiantes, obreros y cualquiera que se moviera fuera de lo permitido.

A diferencia de la policía ordinaria, su trabajo no consistía en resolver delitos comunes, sino en mantener el control político. Para ello contaba con redes de confidentes, seguimientos, escuchas y detenciones prolongadas.

Vía Layetana

La comisaría de Vía Layetana se convirtió en el centro de esa maquinaria en Cataluña. Por sus calabozos pasaron miles de detenidos a lo largo de casi cuatro décadas, y muchos de ellos denunciaron después malos tratos y torturas durante los interrogatorios. Algunos de sus policías llegaron a ser figuras temidas en la Barcelona de la época.

Tras la llegada de la democracia, la Brigada fue disuelta, pero el edificio siguió funcionando como sede policial. Desde hace años, asociaciones memorialistas reclaman que se convierta en un espacio de memoria sobre la represión franquista.

La Brigada en la ficción

La figura de la Brigada Político-Social es un elemento muy poderoso para la novela negra: una policía cuya misión no es descubrir la verdad, sino decidir qué verdad conviene al poder.

En Los crímenes del Plumier, un inspector de la Brigada llega desde Vía Layetana a un pueblo costero en 1959 para investigar una serie de asesinatos. Oficialmente, debe encontrar a los culpables; en la práctica, su tarea es que los abusos cometidos por los poderosos del pueblo nunca salgan a la luz. Y en El año de las cenizas, ambientada en la Barcelona de 1940, la policía se mueve en un mundo de soplones, censura y miedo en el que nadie es exactamente quien dice ser.

Si te interesa la novela negra ambientada en regímenes totalitarios, puedes leer mi reseña de Violetas de marzo, de Philip Kerr.